Nº 1 · 20 de septiembre de 2026 · 8 minutos
La degradaron, cobraba menos que su técnico y ganó el Nobel
Katalin Karikó pasó tres décadas oyendo que no. En 1995 la degradaron y le diagnosticaron cáncer la misma semana: siguió con el mismo experimento.
✉️ La carta del domingo
Un rechazo no es un veredicto. Suena obvio hasta que te toca: te dicen que no y das por hecho que el que juzga sabe más que tú sobre lo que estabas haciendo. A veces sí. Muchas veces lo que te están diciendo es otra cosa: que tu idea no encaja en su presupuesto, en su calendario o en su manera de repartir el prestigio. Aprender a distinguir esas dos frases —«esto no funciona» y «esto no me sirve ahora»— vale más que casi cualquier consejo de carrera.
Katalin Karikó tuvo treinta años para practicarlo. Llegó a Estados Unidos en 1985 porque su laboratorio en Hungría se quedó sin dinero. Pidió su primera beca para trabajar con ARN mensajero en 1990. En 1995 la Universidad de Pensilvania la degradó, se quedó fuera de la vía de la titularidad y pasó a cobrar menos que su propio técnico de laboratorio; esa misma semana le diagnosticaron cáncer y su marido llevaba meses atrapado en Hungría por un visado. Volvió al banco de laboratorio con el mismo experimento. En 2005 publicó, con Drew Weissman, el hallazgo que hizo viables las vacunas de ARNm. En 2023 recibió el Nobel de Medicina.
Le dedico la carta de hoy porque su historia se cuenta mal casi siempre. No es una fábula de perseverancia con final de premio: es la crónica de un sistema que estuvo a punto de perder una de las herramientas médicas más útiles de este siglo, y de una mujer que decidió no gastar energía en preguntarse por qué le pasaba a ella. Lo que se puede copiar de Karikó no es el Nobel. Es lo que hizo el lunes siguiente a que la degradaran.
Alejandro Sánchez Martínez · El Diario del Poder
🧭 El referente de la semana
Treinta años de negativas para que el ARN mensajero funcionara

Bioquímica húngara, Nobel de Medicina 2023 por el ARN modificado
Nació el 17 de enero de 1955 en Szolnok, en el centro de Hungría, hija de un carnicero llamado János. Se licenció en biología en 1978 y se doctoró en bioquímica en 1982 en la Universidad de Szeged. En 1985 su laboratorio en el Centro de Investigación Biológica se quedó sin financiación y la familia hizo las maletas hacia Estados Unidos. Vendieron el coche y, por los controles de divisas, escondieron el dinero —unas 900 libras, según la versión recogida en su biografía— dentro del osito de peluche de su hija.
En 1990, siendo profesora adjunta en la Perelman School of Medicine de la Universidad de Pensilvania, presentó su primera solicitud de beca para desarrollar terapia génica basada en ARN mensajero. La idea era sencilla de enunciar y difícil de vender: meter en una célula las instrucciones para que fabrique ella misma la proteína que hace falta. Casi nadie apostaba por ahí. El dinero iba al ADN y a los virus modificados. Karikó coleccionó negativas durante años.
El momento en que se lo juega todo llega en 1995. La universidad la degrada. El nuevo puesto la saca de la vía hacia la titularidad y le deja un sueldo por debajo del de su técnica de laboratorio. Recibe la noticia mientras su marido lleva seis meses bloqueado en Hungría por un problema con el visado y la misma semana en que le diagnostican cáncer. Años después lo contó sin adornos: también pensó que quizá no era lo bastante buena ni lo bastante lista. Se quedó. Y siguió con el mismo experimento.
En 1997 conoció a Drew Weissman, un inmunólogo recién llegado a Pensilvania. El problema que les frenaba era que el ARN sintético provocaba una reacción inflamatoria: el cuerpo lo detectaba como una amenaza y lo destruía. La solución que encontraron fue sustituir uno de sus componentes, la uridina, por pseudouridina. Con ese cambio el sistema inmune dejaba de atacarlo. Lo publicaron en 2005 en la revista Immunity, después de que Nature rechazara el manuscrito calificándolo de contribución incremental.
En 2013 Karikó salió de Pensilvania y se incorporó como vicepresidenta a BioNTech RNA Pharmaceuticals. Ella lo resume así: la echaron de Penn y la obligaron a jubilarse. Durante nueve años hizo el trayecto entre Estados Unidos y Alemania; tenía 58 años y seguía cultivando plásmidos y alimentando células con sus propias manos. En Penn, según contó, le dijeron que no tenía «calidad de profesorado».
En diciembre de 2020 empezaron a administrarse las vacunas de ARNm construidas sobre aquel hallazgo: solo en Estados Unidos se pusieron más de 655 millones de dosis, según la propia Universidad de Pensilvania. En 2023 el Nobel de Fisiología o Medicina fue para Karikó y Weissman por los descubrimientos sobre modificaciones de bases de nucleósidos que permitieron esas vacunas. David Langer, médico que coincidió con ella en Penn, lo dijo en una frase: visto con perspectiva, deberían haberla ascendido. Desde octubre de 2023 es profesora en la Universidad de Szeged, la misma en la que se doctoró.
El momento. 1995: degradada, con cáncer y cobrando menos que su técnica, vuelve al laboratorio con el mismo experimento.
Lo que le costó. Treinta años sin titularidad ni financiación estable, un exilio profesional, nueve años haciendo de puente entre dos continentes a los 58 y la fortuna de su patente cobrada por otros.
La sombra. El dinero acabó en otro sitio: la universidad que la degradó pudo ingresar hasta 1.700 millones de dólares en royalties y licencias en 2021 y 2022. Y conviene decirlo entero: no es «la inventora de la vacuna» sino coautora de un descubrimiento necesario —el Nobel dejó fuera a quienes desarrollaron las nanopartículas lipídicas—, y fue directiva de BioNTech, fabricante de la vacuna.
📍 Su línea de vida
- 1955Nace en Szolnok, hija de un carnicero
- 1985Su laboratorio pierde financiación; emigra a EE. UU.
- 1990Pide su primera beca para ARNm
- 1995Degradada en Penn; le diagnostican cáncer
- 2005Publica el hallazgo de los nucleósidos modificados
- 2023Premio Nobel de Fisiología o Medicina
💡 Tres ideas para tu semana
❞ Dos frases
«When I was demoted I did not spend time saying 'Why me?' You have to spend that energy to seek out 'What next?' and 'What can I do?'»
«Cuando me degradaron no perdí el tiempo diciendo '¿Por qué yo?'. Hay que emplear esa energía en buscar '¿Y ahora qué?' y '¿Qué puedo hacer?'.»
Katalin Karikó
«I kept going because I love being a researcher – the joy that you are the first person to learn something and that you finally see the picture that the puzzle pieces make up.»
«Seguí adelante porque me encanta ser investigadora: la alegría de ser la primera persona en descubrir algo y de ver por fin la imagen que forman las piezas del rompecabezas.»
Katalin Karikó
🪞 Una pregunta para ti
¿Cuál ha sido tu último «no» importante? Escríbelo hoy en dos columnas: lo que dice de tu trabajo y lo que dice de quien te lo dijo. Solo la primera columna se trabaja el lunes.
📕 El libro de la semana

Breaking Through (2023)
Katalin Karikó
Son sus treinta años de rechazos contados por quien los vivió, no la versión heroica que se escribió después del Nobel. Publicado por Crown en 2023, 336 páginas; no me consta traducción al español.
La idea. El relato de una carrera se escribe desde el final y engaña: mientras ocurría, nadie sabía que aquello iba a funcionar, y la mayoría de los días no había premio, solo un experimento más.
🎙️ La voz del poder
«Yo veo a muchos jóvenes con un proyecto de vida claro, agradecidos por su primera oportunidad y dispuestos a esforzarse.»
Martín Sellés · Presidente de Farmaindustria
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Cada domingo elegimos a alguien que construyó algo que dura y comprobamos su historia contra las fuentes originales antes de contarla: cada cifra y cada cita tienen que aparecer en la página que citamos. Lo que no se puede verificar, no se publica. Carta redactada con inteligencia artificial y verificada automáticamente contra sus fuentes, según el artículo 50 del Reglamento europeo de IA. ¿Ves un error? Escríbenos y lo corregimos en la siguiente.
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